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Ciudad de México: escenario que refleja el golpe desigual del calentamiento global

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La temperatura en la capital mexicana ha aumentado entre 1,8 y 2,6 grados en los últimos 15 años, pero los barrios pobres son los que más sufren las llamadas islas de calor

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El emblemático Paseo de la Reforma 

Es lunes por la tarde en la Avenida Mazatlán de la colonia Condesa, uno de los barrios de moda de Ciudad de México. La calle, frondosa con sus variadas especies de árboles, flores y plantas ornamentales, bulle con la gente que hace deporte, viene de la compra o monta en bicicleta.

Una pareja de ancianos conversa, cada uno con tapabocas, en una banqueta bajo la sombra que proyectan dos copas de árboles que se unen como dos amantes; una chica rubia habla en francés por el móvil mientras pasea a su perro y una niña sigue a una ardilla que se le escabulle. La temperatura marca unos maravillosos 22 grados centígrados y hay quien lleva hasta un suéter.

A 22 kilómetros al este de este edén, el panorama es distinto. En Iztapalapa —la región más habitada y pobre de Ciudad de México— escasean las avenidas arboladas, el sol cae como fuego sobre el concreto, una mancha gris que se expande en el horizonte y que convierte a esta delegación capitalina, donde también escasea el agua, en la más calurosa de la ciudad.

El termómetro marca 25 grados, aunque ha habido temporadas que han puesto en alerta a las autoridades por las elevadas temperaturas. “Reconocemos la evidencia científica. El calentamiento global es un problema de desigualdad en la ciudad.

El mayor efecto es en poblaciones vulnerables, en situación de pobreza y servicios de salud oportunos”, afirma Leticia Gutiérrez, directora general de Coordinación de Políticas y Cultura Ambiental de la capital mexicana. “Tenemos dos ciudades distintas, una con muchas áreas verdes y otra con muchas carencias”.

Ciudad de México, capital de un país lleno de desigualdades, es el escenario que muestra el golpe diferenciado del calentamiento global sobre su población. En 15 años, el clima capitalino ha aumentado entre 1,8 y 2,6 grados —un aumento considerable, según los expertos—, pero en localidades como Iztapalapa, que sufre las llamadas islas de calor —zonas con altas concentraciones de concreto y sin cobertura vegetal importante—, puede ser de hasta cinco grados en algunas temporadas.

“Es un incremento importante”, afirma Rafael Calderón Contreras, investigador del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). “La ONU ha alertado de que, si las emisiones de gases contaminantes siguen como ahora, el planeta puede calentarse entre uno y dos grados para finales de siglo, pero en ciudades como México, que es un valle cerrado, ese aumento puede ser hasta de cuatro grados”, advierte.

“En gran medida hemos identificado que en zonas con poder adquisitivo mucho más bajo la infraestructura verde es poca. La gente nota más el incremento de la temperatura en comparación con colonias más ricas”, afirma Calderón en referencia a zonas como Roma, Condesa, Polanco o Las Lomas, los barrios más adinerados de la capital, donde abundan los espacios verdes, las fuentes y zonas de recreo.

El año pasado las autoridades locales se pusieron en alerta por una ola de calor que amenazaba con sofocar a su población con temperaturas de entre 34 y 37 grados, siendo Iztapalapa la delegación más afectada: el Atlas de Riesgo de Ciudad de México mostró que esa región cuenta con 858 zonas con alto riesgo de sufrir altas temperaturas.

Se promovieron campañas de hidratación, se aconsejó evitar una excesiva exposición al sol, además de cuidar a hipertensos y quienes sufren obesidad, millones de mexicanos en el segundo país más obeso del mundo.

Cada año los llamados chilangos ven cómo su ciudad sufre peores inundaciones, granizadas violentas, olas de calor, degradación de la calidad del aire, escasez de agua, aumento de enfermedades respiratorias como asma y neumonía, así como de padecimientos gastrointestinales, diarreas o accidentes cerebrovasculares. En la capital, según datos oficiales, mueren 14.000 personas al año como consecuencia de uno de sus mayores problemas, la contaminación del aire.

“En Ciudad de México se emiten al año más de tres millones de toneladas toxicas a la atmósfera”, afirma José Luis Lezama, experto en políticas ambientales y desarrollo sustentable del Colegio de México. Además, la ciudad produce al día 300.000 toneladas de residuos urbanos y 15.000 toneladas generadas por la industria de la construcción.

Los niveles de contaminación hacen que Ciudad de México sufra año con año contingencias ambientales cada vez más largas. A la contaminación, agrega el experto, se suma el aumento de la urbanización de la zona metropolitana, con más construcciones de concreto, que a su vez exigen el uso de más recursos y el incremento del transporte, tanto público como privado, que usa combustibles de mala calidad. “Es un cóctel de contaminantes. Y es explicable su repercusión en términos de salud pública”, agrega Lezama.

Un cóctel que, junto al calentamiento de la temperatura, amenaza con desatar una crisis de enorme magnitud en una ciudad en cuya área metropolitana habitan más de 20 millones de personas y que ya ha demostrado un ensayo en la escasez de agua: sus 12.000 kilómetros de tuberías no transportan el suficiente líquido para calmar la sed de tantas bocas.

Mientras la expansión urbana y el aumento de la temperatura secan los recursos hídricos de Ciudad de México, las autoridades tienen que acudir a zonas más alejadas para extraer el agua. Una escasez que viven a diario los casi dos millones de habitantes de Iztapalapa. “En la ciudad cae seis veces más agua de lluvia que la que se consume, pero el problema es de distribución”, explica Rafael Calderón Contreras, de la UAM.

En la capital se desperdicia el 40% del agua por problemas en el sistema de distribución. Para conservar el agua y mitigar las llamadas islas de calor tanto Calderón como Lezama del Colmex recomiendan el desarrollo de lo que llaman infraestructura verde que permita capturar carbono e infiltrar el agua.

Infraestructura verde

El Gobierno de la alcaldesa Claudia Sheinbaum lanzó el año pasado un proyecto que pretende dotar de 10 millones de árboles a la ciudad y que debería concluir en noviembre próximo. Leticia Gutiérrez dice que ya se ha alcanzado la meta y que a finales de año lograrán sembrar 15 millones. Se trata de un programa ambicioso que ha sido criticado por expertos en el tema ambiental como Mónica Ballinas, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM, quien afirma que se deben seleccionar con cuidado las especies a utilizarse, para evitar “plantar por plantar”. Ballinas afirma, por ejemplo, que los árboles de eucalipto que fueron plantados en la ciudad son una especie “que no ayuda a disminuir la temperatura en el sitio en el que se planta”.

Además, agrega, con vientos fuertes este tipo de árboles se pueden caer porque sus raíces son poco profundas. “Plantar por plantar, sólo por estar a la moda o para decir que se está contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los habitantes en la ciudad ya no es viable, porque no todos los árboles sembrados contribuyen a cumplir con el objetivo de “sostenibilidad”.

El tiempo de vida de los árboles, que son los que juegan el papel biológico más importante en el ámbito urbano, es de muchos años, por lo que, al sembrarlos, es necesario contemplar una acción encaminada hacia la mitigación del calentamiento global y por lo tanto disminuir el efecto del cambio climático. Es importante entender que los problemas de una ciudad, aparentemente locales, pueden volverse de carácter global puesto que la atmósfera es una entidad abierta a la escala del planeta”, ha afirmado Ballinas. La funcionaria Gutiérrez defiende el proyecto y afirma que se han usado en él especies nativas.

Ballinas ha trabajado reportes junto a Víctor Barradas, también del Instituto de Ecología de la UNAM. Barradas explica que se deben plantar en la ciudad especies de árboles que además de combatir el aumento de las temperaturas causadas por el cambio climático absorban metales pesados y otros contaminantes. Él apuesta por el fresno, un árbol de hoja ancha y crecimiento rápido.

Barradas afirma que no basta con que las autoridades muestren interés en reforestar, sino que debe haber una coordinación con científicos y académicos y también a traer el interés del sector privado para convertir la reforestación en un modelo de negocios.

“El cambio climático global aumenta la temperatura y será una carrera sin fin. Hay que parar el problema. Y ese problema se para con árboles”, afirma. La diferencia entre el clima de la arbolada Condesa, frente a la selva de cemento de Iztapalapa, parece darle la razón.


Torreón, Coahuila
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sábado, 1 de agosto de 2020