Carta a mi editor sobre Javier

.

Ismael Bojórquez

Cd. de México (15 octubre 2017).- 

Querido Alejandro, acabo de contar los días y son noventa y dos. Hace exactamente tres meses mataron a Javier Valdez. No sé por qué jodidos escogiste el día 15 de agosto para entregarte este texto que me ha costado tanto esfuerzo sentarme a escribir. Es un mal día, siempre los días 15 serán días malos para nosotros. Y los lunes. Y los mediodías. Y las 12, por la hora en las que asesinaron a Javier. Doce. Doce cascajos quedaron regados en el pavimento con su enchiloso olor a pólvora quemada.

Compañeros de Valdez aún analizan los textos que pudieron desencadenar su asesinato.

.

Pasé por esa calle y lo volví a ver tirado bocabajo, con el sombrero apenas movido de su cabeza pálida, esa que tantos días y tantas noches pensó en nosotros buscando la forma de lograr que fuéramos menos infelices. No había nadie en la calle, ahora lluviosa, pero volví a bajarme del carro para confirmar que era él. Yo sabía que era él. Caminé y le di la vuelta y lo volví a mirar ahí: su cuerpo tibio, la piel con vida y ese brazo herido con el que, al parecer, Javier se cubrió, como queriendo impedir lo que no tenía remedio: ya había sido escrito con plomo ardiente en alguna cueva maldita.

Me senté a un lado del cenotafio que mandó erigir su familia. Un puño de flores fue arrasado por la lluvia y un cartel dibujado por su amigo Dante sobrevive aferrado a un poste. En una placa de lámina galvanizada está la tira Tarjeta Negra, dibujada por el monero AVC, donde Javier se levanta como dicen que se levantó Lázaro de Betania e ilumina el mundo con su luz: "Quisieron callarte... y ahora tu voz está en todas partes".

He leído y releído los textos más recientes escritos por Javier. Y he repasado el contexto. Y le he dado vueltas a la estúpida forma en que lo mataron para luego dejar su carro ensartado en una banqueta. ¿Te acuerdas lo que te decíamos para aquél trabajo que publicaste en Gatopardo? Aquí no podemos dejar que se vaya una palabra de más, una de menos. Aquí en Sinaloa eso significa dos caminos: la vida o la muerte. Y busco y rebusco esas palabras de más o esas de menos en los textos de Javier, o si rompimos ingenuamente los equilibrios que en otros tiempos nos salvaron de lo que ahora sucedió. No lo sé todavía.

Sabíamos que podía ocurrir. Por eso siempre trabajamos con miedo.

"Con la mano en el culo", decía el bato, pero siempre trabajamos.


La sombra siniestra de un comandante

Te lo dijo Javier en El Guayabo: "Aquí sí te matan, aquí sí te pegan pinchis sustos. Aquí te la juegas todos los días". Y te contó la cabrona historia entre nuestro compañero Luis Fernando Nájera y el comandante Barceló, un ex Gafe (1) que en la policía ministerial formó un grupo de élite llamado Centauro.

La historia te la contó entre cerveza y cerveza en esa palapa que, dicen los que viajan, se parece a un bar cubano.

Un día Nájera andaba cubriendo un cateo de policías ministeriales en el fraccionamiento Tabachines, de Los Mochis. Era media noche y llegó con su camarita disparando flashazos. Se le acercó el comandante Barceló, le arrebató la cámara y le pegó un manotazo que hizo volar sus lentes. Luego le propinó unas patadas en las costillas, mientras lo amenazaba: "¡Yo te puedo matar, cabrón, por metiche te mato!". A Nájera se lo llevaron a la cárcel, por entrometido y lo que resulte (Nájera fue dejado en libertad a la mañana siguiente y nosotros denunciamos los hechos ante un ministerio público ese mismo día).

Javier se encontraba ese día en Los Mochis, cubriendo para La Jornada una flaca gira de Andrés Manuel López Obrador. Me llamó mitad aturdido, mitad encabronado: "Bato, la ministerial detuvo al Nájera... lo acusan de portación de arma de fuego y de disparar...". La nota le cayó a Javier por suerte y por desgracia, las dos cosas juntas; el cielo y el infierno en una licuadora, como dice Paco Ignacio Taibo II en Sintiendo que el campo de batalla. Contextualizamos la información con una serie de abusos cometidos por el Grupo Centauro en contra de pobladores de varios municipios y la publicamos en nuestra siguiente edición. Del seguimiento también se encargó Javier. Como cuando el juez federal absolvió a Nájera y ordenó investigar a Barceló y a los policías que acusaban al reportero, pues habían mentido ante la autoridad judicial. El juez les agregó cargos de tortura, lesiones y privación ilegal de la libertad.

En el Congreso del Estado, Javier registró la petición del pleno para que la procuraduría local informara sobre los abusos de Barceló y para que actuara con rigor. Y aunque legisladores locales y federales ya se habían reunido con el gobernador para exigirle que castigara a Barceló, el comandante quiso saber quién era ese otro reportero que se había atrevido a balconearlo y a hostigarlo.

Y fue así como, una noche, empezó a rondar la casa de Javier. Javier se dio cuenta y logró detectar tres vehículos, entre ellos una camioneta Durango.

Con esos datos fuimos Javier y yo a cazar a Barceló a las instalaciones de la ministerial. Solos, orates, como te dijo Javier que estábamos, sin ninguna protección. Localizamos dos de los autos, anotamos las placas y les tomamos fotografías. Como Barceló estaba fuera de la ciudad, decidimos esperarlo varias horas. Tan expuestos nos vimos que unos policías se acercaron a interrogarnos. Quiénes éramos y qué hacíamos ahí. Les respondimos que éramos académicos de la UAS y que estábamos esperando a unos familiares para interponer una denuncia. Ya de noche llegó Barceló en su Durango blanca, todo vestido de negro. Le tomamos imágenes y nos largamos. Días después, el comandante fue suspendido, gracias a nuestra denuncia y a que hablamos con el gobernador para advertirle que Javier corría peligro.

Barceló fue dado de baja dos meses después, en septiembre de 2007.

Trabajaba para los hermanos Beltrán Leyva. Era de Hidalgo pero decidió quedarse en Culiacán, para su mala ventura. Cuando en 2008 estalló la encarnizada guerra al interior del Cártel de Sinaloa, el comandante le apostó a los Beltrán y perdió la jugada. En junio de ese año, una camioneta apareció de la noche a la mañana en el fraccionamiento Montebello con tres hombres decapitados en la cajuela. Uno de ellos era Barceló. Le tenían tanto odio que le pusieron sobre el pecho una víbora, también descabezada. Cuando le hicieron la autopsia, los médicos forenses se dieron cuenta de que alguien le clavó la punta de un cuchillo en la nuca y lo deslizó por toda la espalda hasta llegar al coxis. Todo eso se lo hicieron cuando Barceló todavía estaba vivo.

Por eso Javier te dijo que soltó el aire cuando se enteró de la muerte de Barceló, porque siempre lo trajo resollándole en la nuca, su sombra siniestra hasta la pesadilla.


El Chapo cena en Las Palmas

Javier no disfrutó mucho de esa tranquilidad con la que le gustaba sentarse a saborear en el Guayabo un tequila o un güisqui mientras escuchaba los chistes léperos de la Casimira o un jazzesito tocado por la banda del bar. Y no la disfrutó mucho porque meses después hizo una crónica sobre la inesperada visita del 

Chapo

 Guzmán al restaurante Las Palmas. ¿Te acuerdas, Alejandro?

Fue el viernes 30 de noviembre, como las ocho de la noche, cuando dos muchachos entraron al negocio y hablaron con los comensales. "Señores, dentro de unos momentos llegará una persona muy importante a cenar.

"Tendremos que cerrar la puerta. Nadie podrá entrar ni salir. Y recogeremos los teléfonos celulares. No se preocupen, nosotros pagaremos sus cuentas".

Alguien me había dado información básica, pero debíamos confirmarla.

Entonces Javier fue al restaurante, se zampó una cabrería a término medio, identificó a un conocido y luego volvió para amarrar la historia. "¿Y qué comió?", le preguntó Javier a su fuente. "Lo de siempre: carnes y mariscos".

El 

Chapo

 llegó acompañado de un séquito de guardaespaldas, saludó de mano a todos los comensales y se dirigió a un privado que tiene una entrada lateral.

Por ahí salió cuando terminó de cenar, casi dos horas después.

La nota se publicó el 10 de diciembre. Ese mismo día elementos del Grupo de Análisis Especial, que se supone hacen los trabajos de inteligencia en el ejército mexicano, acudieron al restaurante para investigar sobre los hechos y, cuando recibieron las negativas de rigor, le recomendaron a la gerencia que demandara a Ríodoce por difamación. Luego nos llegó la historia de que el Chapo se enojó mucho por la nota y que amenazó con darnos un susto, pero uno de sus compadres le dijo que se dejara de cosas, que "los muchachos sólo están trabajando".

Para eso Javier ya traía apretados los esfínteres. Porque siempre en estas notas, cuando son reveladoras, alguien llega y te recuerda que escribir así es como caminar sobre un terreno minado, donde no sabes cuándo vas a salir volando. Es entonces cuando el miedo que siempre te acompaña se vuelve una sombra densa, aunque nunca dejes que se convierta en un lastre.


Frank Armenta: verdades bajo amenaza

Nos pasó también con la publicación del video donde Frank Armenta Espinoza, ex escolta de Mario López Valdez acusa al ex gobernador de colaborar con el Cártel de Sinaloa.

Te cuento, Alejandro:

El 4 de junio de 2013, Frank se encontraba de vacaciones en Guasave cuando fue levantado por un grupo armado. La noticia del secuestro se difundió ese mismo día pero fue hasta tres semanas después que nos llegó un video a una bandeja que teníamos en nuestro sitio web y que se llamaba S.O.S. El módulo estaba ligado a un correo electrónico de la redacción y fue detectado un día después de que fue enviado. Lo abrimos para ver el contenido y nos fuimos de espaldas. Era Frank hablando ante una cámara de video denunciando que Malova tenía relación con el Chapo Guzmán y con el Mayo Zambada y que se había reunido con ellos en varias ocasiones. Escribimos una nota y la acompañamos del video. Fue un escándalo nacional.

A mediados de julio llegó un nuevo video donde Frank amplía la información sobre los presuntos nexos de López Valdez con el Cártel de Sinaloa y da detalles de viajes en helicópteros del gobierno del estado que, supuestamente, realizaron miembros del gabinete a La Tuna, Badiraguato, la tierra natal del Chapo.

La publicación de esos videos es tal vez una de las decisiones más riesgosas que hemos tomado en Ríodoce. Más de uno nos advirtió que estábamos en peligro de sufrir una agresión. Nos metimos con el cártel de la droga más poderoso que ha tenido este país durante décadas, expusimos al gobernador y a su gabinete, balconeamos conversaciones de los jefes policiacos que evidenciaron su gran colusión con el hampa y su involucramiento en crímenes y escribimos historias donde altos mandos del ejército también salieron salpicados. Y lo hicimos en un ambiente de guerra entre los cárteles que dejó miles de asesinatos solo en Sinaloa.

Frank Armenta Espinoza apareció muerto en Culiacán 68 días después de su secuestro. Lo encontraron en el sector sur con nueve impactos de bala.

Había sido torturado. El gobierno "lamentó" su muerte y que hubiera sido utilizado por un grupo del crimen organizado "para la perversidad de sus acciones".

Frank fue levantado por órdenes del Chapo Isidro, operador de los hermanos Beltrán Leyva. Luego nos llegó la información de que este pequeño capo y el gobierno de Malova habían llegado a un acuerdo. De Guasave hacia la frontera con Sonora sería territorio para ellos. Se operaron cambios en las policías de esa zona y después de varios enfrentamientos las cosas volvieron a la normalidad.

* * * *

No hemos regresado al Guayabo, carnal, desde ese maldito lunes 15. Pero la Casimira y el Zurdo les explican a los que preguntan por nosotros que no podríamos estar ahí sin llorar y despertar el morbo. Nos queda abajito de la oficina, ya ves, el bulevar de por medio. Lo decía de broma pero si hubiera tenido dinero instalo una tirolesa para bajar de la redacción derechito a la puerta del bar. Ya nos imaginábamos a Javier en el primer traslado, todos tomándole fotos y videos. Tal vez no era tan mala idea.

Pero ya volveremos, cuando se nos acaben las lágrimas.

______________________________________________________


1.

 Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército mexicano.



Este texto forma parte del libro 

Romper el silencio. 22 gritos contra la censura

 (editado por Brigada para Leer en Libertad y Periodistas de a Pie), que será presentado y distribuido gratuitamente el 21 de octubre en la Feria del Libro del Zócalo de la Ciudad de México.

.


Torreón, Coahuila
domingo, 15 de octubre de 2017
Share |
blog comments powered by Disqus